Octubre 26, 2009...6:20 pm

Metafísica para oficinistas I: Anillos de fuego

Saltar a Comentarios

PG12386

I feel into a burning ring of fire, I went down down down, but the flames were higher

Y quema, quema, quema. O algo así decía Johnny Cash ante sus “caídas continuas”, aunque en este caso el alcohol era la obvia razón del desequilibrio, esta desdicha de caer en los fuegos primordiales responde a un mito todavía más remoto.

Hasta hace unas horas pude tomar conciencia de lo importante que fue el hecho de caerme tanto mientras estuve en la secundaria “Plutón pasó por sagitario cuando tenías 13 o 14 años” me decían hace dos noches. Y si bien los muchos dolores físicos me alistaron para la guerra postrera, ahora veo que el metatexto de tropezarme todos los días con mis propias rodillas solo podía significar una cosa.

Hace dos semanas en TRUE BLOOD, Bill le advierte a Sookie que no puede ni debe confiar jamás en un vampiro, ya que de un momento a otro este le dará la espalda. Si bien Bill está obsesionado con Sookie, esto no borra el hecho de que se acerca a la humana por órdenes jerárquicas, por su automatismo para obedecer a sus superiores. Bill está traicionando a Sookie, pero ella, con su sabiduría sureña white trash, sabe que “Tal cual como sucede con los humanos, nunca puedes fiarte de ellos” Y entrega su arteria. Alguien siempre mira detrás de ti. Y esa es quizá la más evidente alegoría.

Pero este repentino temblor tuvo un epicentro—que no inició como clichescamente se puede imaginar, por el ombligo— No, esta circunstancia en tanto es de un orden vetusto, existía en su propósito desde antes de la fundación del mundo. Desde antes de que fuéramos partículas de estrella y luego babas divinas, aliento añejo.

Por eso este temblor comenzó en los ojos, en la carne viva del alma del entrecejo, en ese lugar que vibra cuando se acerca a los lindes de lo real y recuerda su antiguo lar en la máquina astral. Y así temblaban las manos, la extensión del verbo que gesticula más allá de la obviedad del rostro, en las artífices de la dirección de esta orquesta, en las que ciñen la palabra al SPELL, SPELLING, las mismísimas culpables de nuestra posición espacio-temporal. Directrices hacia nuestra perdición…o salvación en el M-E-T-A-T-E-X-T-O.

Como el cuerpo vibrante tiende a la expansión, los espasmos se agilizaron hacia las piernas, las rodillas chocantes y empalmadas.

El mito del ser humano siempre es sabotearse. Tropezarse con su uno mismo una y otra vez. John Frusciante repite “I’ll Be You, I Do”, repite “No one’s afraid to be called by another name”  Todos los caminos conducen a Roma, la derruida, la ilusoria…

La mujer insiste en lo (real real), en rasgar la tela oscura y ver el vacío: El blanco que es todo, que es rosado. El todo y la nada. Ella se aferra a esa incomodidad etérea, atraviesa el nodo de Gauss o todas las intersecciones.

Porque sólo en esta efimeridad puede tener sentido: Entrega finalmente su sangre

2 comentarios

  • Tal vez estás leyendo mucho entre líneas, mucho…

    No soy de quienes se tropiezan consigo mismo, al contrario, creo que si dejas que el ego le ponga leña a la flamita de megalomanía que todos tenemos, vas por mejor camino que aceptar ser llamado por otro nombre.
    Aunque bueno, el riesgo de esta idea no es tropezarse, sino quemarse por completo si esa flama se descontrola… :/


Deja un comentario