Metafísica para oficinistas I: Anillos de fuego

PG12386

I feel into a burning ring of fire, I went down down down, but the flames were higher, Johnny Cash, cantando

Y quema, quema, quema. O algo así enunciaba Johnny Cash, cuando el alcohol era la razón del desequilibrio. Esta desdicha de caer en los fuegos primordiales responde a un mito todavía más remoto, pues bien el alcohol a pesar de ser motor del calor es también vaporoso, sutil.

Apenas, hace unas horas, tomé conciencia de la importancia de haberme caído tantas veces mientras estuve en la secundaria, “Plutón pasó por sagitario cuando tenía 13 o 14 años” me dijeron. Los muchos dolores físicos me alistaron para la guerra postrera, ahora veo que el metatexto de tropezar diariamente como mis propias rodillas podía significar solamente una cosa dentro de mi constructo de espacio temporal, claramente.

Hace un par de semanas, en el último capítulo de la serie de vampiros True Blood, Bill le advierte a Sookie que no puede ni debe confiar jamás en un vampiro, ya que de un momento a otro este le dará la espalda. Si bien, Bill está obsesionado con la sangre de Sookie, esto no borra el hecho de que se acerca a ella únicamente por órdenes de sus reyes vampíricos, guiado por el automatismo de su código de ética entre chupasangres. Bill está traicionando a Sookie a priori de la advertencia, más ella, con su dulce e ingenua “sabiduría” de gringa sureña, sabe bien que “tal cual sucede con los humanos, jamás puedes fiarte de ellos”, por lo que entrega su arteria. Alguien siempre mira detrás de ti, y es la más evidente alegoría del movimiento de los planetas.

Más el temblor repentino de los astros existía en su propósito antes de la fundación del mundo, antes de que fuéramos partículas de estrella, saliva divina, aliento añejo.

El temblor comenzó en los ojos, con la primera mirada, la carne viva del alma en el entrecejo, en ese lugar que vibra como la mirada del águila y nos acerca a la realidad intuitiva. Así temblaban las manos, la extensión del verbo que gesticula más allá de la obviedad del rostro, en las direcciones de esta orquesta sobre la que se ciñe la palabra; Spell, Spelling, las mismísimas culpables de nuestra posición espacio-temporal. Directrices de nuestra perdición o salvación en el M-E-T-A-T-E-X-T-O. Así como el cuerpo vibrante tiende a la expansión, los espasmos se agilizan hacia las piernas, las rodillas chocantes y empalmadas, aquellas que me han hecho culpable de cada una de mis caídas, aquellas culpables de mis afinidades con los otros, dispuestas a recibir.

El mito del ser humano es siempre sabotearse, tropezarse con uno mismo una y otra vez. John Frusciante repite: I’ll be you, I do, y prosigue No one’s afraid to be called by, another name: todos los caminos conducen a Roma, por que antes de Roma, la ilusoria, no había caminos.

Esta mujer insiste en lo real real, en rasgar la tela oscura y ver el la expansión del vacío, aquél blanco que todo lo es, que tiende a ser rosado. El todo y la nada contenidos. Ella se aferra a su incomodidad etérea, a la compañía del alcohol pulsando en su sangre. Porque solo en esta efimeridad puede tener sentido: entrega finalmente su sangre.

Acerca de Viol Astro

22/11/85- 12/30 siempre me gustó la palabra noviembre

  1. 72

    Tal vez estás leyendo mucho entre líneas, mucho…

    No soy de quienes se tropiezan consigo mismo, al contrario, creo que si dejas que el ego le ponga leña a la flamita de megalomanía que todos tenemos, vas por mejor camino que aceptar ser llamado por otro nombre.
    Aunque bueno, el riesgo de esta idea no es tropezarse, sino quemarse por completo si esa flama se descontrola… :/

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